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5 consejos para cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado

5 consejos para cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado

Nuestros pies son estructuras increíbles que nos permiten caminar, correr, saltar y explorar el mundo que nos rodea. Sin embargo, a menudo los descuidamos y no les damos la atención que merecen. El uso de un calzado inapropiado, sumado a los hábitos sedentarios de hoy y a la falta de entrenamiento específico, como es la elongación del tendón de aquiles y toda la musculatura posterior, provoca muchos problemas por los cuales la gente consulta hoy. En este blog te compartimos 5 consejos esenciales para cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado, pero antes de eso, te presentamos algunos datos de interés.

 

Tipos de Pie y Afecciones Comunes

 

El pie está conformado por 33 articulaciones, rodeadas de cartílagos que no cuentan con irrigación permanente. La sangre, que es la principal reparadora del cuerpo, no es capaz de llegar a ellos. Para nutrirlos, es necesario el movimiento. Imagina la cantidad de movimiento que necesita el pie para nutrir esas 33 articulaciones; sin embargo, el calzado moderno no respeta del todo la biomecánica del pie, lo que impide su funcionamiento natural.

El problema de no tener en consideración las necesidades fisonómicas propias, y dejarse llevar nada más que por lo estético, es que existe el alto riesgo de que esta prenda, que se supone está diseñada para proteger los pies, termine generando un daño.

Al comprar el calzado hay que seleccionarlo de acuerdo al tipo de pie: en el pie griego, el segundo dedo es el más largo, y el tercero prácticamente mide lo mismo, el cuarto y el quinto dedos son más pequeños. En este tipo de pie las cargas se distribuyen mejor sobre el antepié. Pie cuadrado, los dedos son casi todos iguales y están a la misma altura. Pie egipcio, el dedo gordo es el más largo y los otros le siguen por tamaño y orden decreciente; es el tipo de pie más susceptible, ya que se sobrecarga más con el calzado y predispone al hallux valgus y hallux rigidus, no se recomienda el uso de tacones altos y puntas afiladas

 

Juanetes

El hallux valgus o juanete es una desviación del dedo gordo del pie (primer dedo) hacia el resto de los dedos del pie por la prominencia de la cabeza del primer metatarsiano (hueso que continúa las falanges del dedo) y la angulación inadecuada de la articulación, llegando a provocar la superposición del primer y segundo dedo. Es más frecuente en mujeres de edad avanzada, se asocia a deformaciones de los dedos con el uso de calzado inadecuado, aunque puede ser familiar, sobre todo si aparece ya en la adolescencia.

El uso de calzado de punta estrecha y algunas alteraciones del pie son los factores determinantes en su aparición. El hallux valgus, popularmente conocido como juanete, el hallux rigidus —otra lesión al dedo gordo—, la metatarsalgia o los dedos en martillo son algunas de las lesiones comunes asociadas al uso de un calzado que no calza realmente en el pie. Esto aumenta, además, el riesgo de torceduras y esguinces de tobillos. Y la lista de afectaciones no sólo se concentra en pies, sino que puede escalar a rodillas y columna.

 

Pie Cavo y Pie Plano

El desarrollo de los huesos del pie no es igual en todas las personas, unas los desarrollan en etapa fetal y otros lo hacen en edad más tardía, pero todos los seres humanos tenemos los pies planos hasta que cumplimos los 3-4 años aproximadamente. En la mayoría de las personas, el arco del pie se desarrolla durante la infancia, pero en algunas personas el arco nunca llega a formarse.

Decimos que una persona tiene pie plano cuando el arco de la parte interna del pie está aplanado, lo que hace que toda la planta del pie toque el suelo cuando la persona está de pie. El pie cavo, al contrario que el pie plano, es aquel en que la bóveda o arco plantar es más acusado de lo normal. Este tipo de pies concentran su apoyo en la zona del talón y del metatarso (debajo de los dedos) y no realizan el apoyo que deberían por la parte media y externa del pie.

Aunque no existe calzado especial para este tipo de condiciones, sí que podemos encontrar plantillas las cuales pueden poner remedio a gran parte de las alteraciones por un mal apoyo, distribuyendo las cargas de manera más homogénea y realineando las alteraciones estructurales.

 

Pie Diabético

El pie diabético se considera un pie en riesgo, ya que es más propenso a presentar lesiones tales como daño a la piel, estructuras del hueso y articulaciones. La diabetes puede causar daños en los nervios y disminuir la sensibilidad en los pies. Impide que sienta dolor u otros problemas en los pies, lo que aumenta el riesgo de lesiones y úlceras. Otra forma en la que la diabetes puede dañar los pies es debido a una mala circulación sanguínea. Un flujo sanguíneo deficiente dificulta la cicatrización de las llagas o la resolución de una infección. Si las llagas no cicatrizan y se infectan, eso puede derivar en amputación.

El calzado para pie diabético está construido con materiales suaves que reducen la fricción y la presión sobre los pies, evitando así la formación de ampollas y llagas. Además, proporciona un amplio espacio para los dedos. Esto ayuda a prevenir la formación de callos y reduce la posibilidad de rozaduras e irritaciones.

 

¿Cuál es mejor calzado para mi?

 

Caminar hace muy bien, pero no tanto con un calzado inapropiado. Ya sean zapatos de tacón o planos, un zapato puntiagudo, puede causar neuroma (una inflamación resultante de aplastar los dedos en un espacio demasiado pequeño). El neuroma puede causar dolor, ardor y hormigueo, y requerir posiblemente una intervención quirúrgica.

 

Zapatos altos de tacón

El pie del adulto se puede definir como una bóveda sostenida por tres arcos. Aunque el peso del cuerpo se distribuye entre la parte delantera del pie y el talón, en posición vertical la carga principal la soporta el talón y equivale a más de la mitad del peso del cuerpo. Así se entiende que cuando el peso se concentra en medio centímetro cuadrado de tacón de aguja, éste se entierre en el suelo. A medida que elevamos el talón mediante el uso de tacones, la distribución del peso cambia y cuanto más alto es el tacón, más se carga la zona delantera del pie. Con tacones cercanos a 10 cm prácticamente casi todo el peso del cuerpo se ejerce sobre los dedos del pie.

Otra desventaja de los zapatos de tacón es que se consideran como los más peligrosos para manejar, debido a que cambia el punto de apoyo del pie (talón) de forma radical, convirtiendo la pisada en inestable y poco precisa al momento de presionar los pedales. Este fenómeno no sólo ocurre con los zapatos de tacón, también sucede en los zapatos de plataforma, ya que resultan igual de inestables y molestos a la hora de manejar por su gran volumen, el cual, afecta el movimiento natural de nuestros pies al conducir.

 

Sandalias

Las sandalias o chanclas son el calzado favorito de muchos durante los meses cálidos debido a su frescura y estilo. Sin embargo, a pesar de su popularidad, no sujetan al pie y mucho menos le dan estabilidad con el movimiento, lo que puede provocar desde que perdamos una chancla a la hora de caminar, bajar escaleras o conducir. Tampoco se recomiendan para el pie diabético porque lo deja muy expuesto. La mayoría de las sandalias tienen suelas planas y delgadas que no proporcionan el soporte necesario para los pies, especialmente durante caminatas prolongadas. Esto puede llevar a problemas de rodilla y espalda, dolor de arco, fascitis plantar.

 

Calzado para el trabajo rudo 

La principal función del calzado de trabajo es proteger al trabajador de diversos riesgos laborales, como impactos, pinchazos, resbalones y sustancias químicas. Además, un buen par de zapatos de trabajo puede mejorar la postura y reducir la fatiga, lo que contribuye a una mayor productividad y bienestar general. Algunos ejemplos de calzado de seguridad son las botas equipadas con puntas de acero, composite o aluminio, estas botas están diseñadas para proteger los pies de objetos pesados o afilados. Son comunes en la construcción, la minería y la manufactura. Existen calzado son suelas antideslizantes, proporcionar un agarre superior en superficies húmedas o aceitosas, ideales para la industria alimentaria, hospitalaria y cualquier entorno donde los derrames sean frecuentes. Las botas impermeables no solo mantienen los pies secos, sino que también ofrecen una excelente protección contra sustancias químicas y otros peligros. Y finalmente los calzados que protegen contra descargas electroestáticas (ESD) se utilizan en la industria electrónica o de ensamble de piezas eléctricas y están diseñados para disipar la electricidad estática, protegiendo tanto al trabajador como al equipo sensible.

 

El calzado ideal sí existe

Cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado no solo mejora tu bienestar general, sino que también previene problemas a largo plazo. El calzado juega un papel esencial en la salud de tus pies. Es importante que elijas zapatos que se ajusten bien y proporcionen un buen soporte. Asegúrate de que haya suficiente espacio para que tus dedos se muevan libremente. Los zapatos demasiado apretados pueden causar ampollas, callos y otros problemas. Opta por zapatos con buen soporte para el arco del pie y una amortiguación adecuada para absorber el impacto al caminar. Recuerda que los materiales como el cuero y las telas transpirables permiten la ventilación y reducen la sudoración excesiva. Los zapatos deben ser flexibles pero lo suficientemente firmes para proporcionar soporte.

 

5 consejos para cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado

 

Aquí te ofrecemos cinco consejos esenciales para cuidar tus pies y elegir el calzado adecuado, asegurando así que se mantengan saludables y cómodos.

 

  1. Higiene diaria.

La higiene diaria es fundamental para mantener los pies saludables. Lávalos con agua y jabón, asegurándote de secarlos bien, especialmente entre los dedos, para evitar la acumulación de humedad que puede causar hongos y otros problemas. Además, exfolia tus pies regularmente para eliminar las células muertas y aplica una crema hidratante para mantener la piel suave y flexible. Nunca está de más un baño de pies con agua tibia y sal una vez por semana para relajarlos y aliviar la tensión acumulada.

Procura también cambiar de calzado regularmente ya que el usar el mismo par de zapatos todos los días puede llevar a la acumulación de humedad y bacterias. Rotar entre diferentes pares permite que se aireen tus pies y se mantengan frescos. Si eres deportista, asegúrate de usar calzado específico para cada actividad y reemplazarlo cuando empiece a mostrar signos de desgaste.

 

  1. Revisión regular.

Observa tus pies con frecuencia para detectar cualquier cambio en la piel, las uñas o las articulaciones. Presta atención a enrojecimiento, hinchazón, ampollas, callosidades, uñas encarnadas o cambios en la coloración de las uñas. Si detectas alguna anomalía, consulta a un podólogo.

 

  1. Corta las uñas correctamente.

Cortar las uñas de los pies de forma adecuada es crucial para prevenir infecciones y uñas encarnadas. Córtalas en línea recta y evita dejarlas demasiado cortas o con bordes redondeados. Usa herramientas de calidad, como cortaúñas específicos para pies, y asegúrate de mantenerlas limpias. Si tienes problemas recurrentes con las uñas encarnadas, consulta a un podólogo para recibir el tratamiento adecuado.

 

  1. Ejercicios para los pies.

Realiza ejercicios para fortalecer los músculos y mejorar la flexibilidad de tus pies preferentemente descalzo para obtener mejores resultados y mejorar el equilibrio y la coordinación. Algunos ejercicios útiles incluyen:

  • Estiramiento de dedos: Siéntate y estira los dedos de los pies hacia arriba y hacia abajo.
  • Rodar una Pelota: Coloca una pelota pequeña o una botella de agua bajo tu pie y hazla rodar para masajear la planta del pie.
  • Levantamiento de Talones: Párate de puntillas y baja lentamente para fortalecer los músculos de la pantorrilla y los pies.

 

  1. Calzado adecuado

Un calzado adecuado debe ofrecer suficiente espacio para los dedos, un soporte firme del arco y una amortiguación adecuada para absorber el impacto, especialmente en la zona del metatarso, reduciendo así el riesgo de metatarsalgia y otras afecciones. Elige zapatos que sean cómodos, que se ajusten bien a tus pies y que brinden soporte al arco plantar. Evita los tacones altos y los zapatos puntiagudos, ya que pueden causar dolor y deformidades en los pies. Opta por zapatos de materiales transpirables, como cuero o tela, para mantener tus pies frescos y secos. Renueva tus zapatos con regularidad, especialmente si están desgastados o dañados.

 

CONCLUSIÓN

Sigue estos consejos y tus pies te lo agradecerán con comodidad y salud. Recuerda que tus pies son tu base y te llevan a donde quieras ir. Cuídalos bien y elige el calzado adecuado para que te acompañen durante muchos años. ¡Disfruta de unos pies sanos y felices!

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